Mar, 02/07/2017 - 16:21
La lectura de este vergonzoso escrito nos muestra que la iglesia católica de Cali no está en buenas manos pues su jerarca al mostrarse desinteresado con la pederastia y actuar de manera ofensiva y sinuosa con las victimas va en contravía de los mandatos del Papa Francisco quien ha calificado la pedofilia como “una lepra en nuestra casa” y ha puesto sus ojos en las victimas llamando a la compasión y la solidaridad.  
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Foto Especial para www.90minutos.co

Hace pocas semanas el arzobispo de Cali, DARIO DE JESUS MONSALVE, ofició una misa en la Iglesia de San Francisco a la cual asistieron los miembros del secretariado de las FARC y los familiares de los diputados asesinados por esa guerrilla, además del sobreviviente SIGIFREDO LOPEZ. Los medios registraron el hecho destacando el compromiso de la iglesia con las víctimas del conflicto armado. No obstante, respecto a las víctimas de delitos sexuales cometidos por sacerdotes, la iglesia no ha sido igualmente comprometida, pudiéndose afirmar que mantiene una actitud de inamovible insolidaridad que raya en el desprecio, apañada con  un discurso hipócrita y embaucador.

Así queda demostrado en un documento que podría incorporase a la historia Universal de la infamia. Se trata de la contestación a un incidente de reparación integral presentando por las victimas del cura WILLIAM DE JESUS MAZO, condenado a 33 años de prisión, por haber abusado sexualmente de varios niños entre los 9 y 12 años en el Distrito de Aguablanca.

En papel membretado en la parte superior con el escudo de la arquidiócesis de Cali, representada por DARIO DE JESUS MONSALVE, uno de sus abogados produjo un documento de 26 páginas donde sostiene, entre otros disparates,  que los abusos sexuales cometidos por el cura son CULPA EXCLUSIVA DE LAS VICTIMAS.

El documento arremete sin piedad contra los padres y familiares de los niños y les atribuye la exclusiva responsabilidad de lo sucedido, por haber escogido al cura MAZO como amigo y  confiarle el cuidado de los menores, calificándolos como desinteresados y omisivos.

“la conducta se cometió sobre niños de 10 y 13 años, que no tenían la libertad de decidir que hacer o que no hacer, donde dormir, que comer, a que colegio ir; son menores que se encontraban bajo el imperio de la institución de la familia (padre, madre, hermanos mayores, abuelos, tios, que son los mismos hoy reclamantes) los cuales no mostraron ninguna clase de interés por sus hijos, de comunicación, de dialogo, de prevención y custodia, salvaguarda de la vida, la liberta (sic), la honra; por ellos la escogencia de los amigos, el disponer que hacer o que no hacer por parte de los niños de 10 a 13 años no era del resorte de estos menores, ya que la voluntad del padre se debe imponer como guía y modelo a seguir, sintiéndose a gusto, seguro, cuidado, protegido, cobijado, caluroso, acompañante, compañero, pero no sucedió, se cayó en “un exceso de confianza y pasividad, actos omisivos y reprochables moral y legalmente en cualquier estado de la sociedad.”

Con un cinismo que resulta infamante la iglesia les achaca la culpa a los padres por  haber creado la situación de riesgo que permitió los abusos, al autorizar que sus hijos pernoctaran en la iglesia. Según la Arquidiócesis de Cali la culpa no es del cura sino de quienes confiaron en él, por lo tanto deben soportar las consecuencias, así se desprende de la siguiente glosa:

“…cabe poner de manifiesto que existen ciertos prejuicios insoslayables que con mayor o menor grado de autoridad cercenan o auxilian la estimación judicial de la culpa exclusiva de la víctima, esto es: responsabilidad por riesgo o principio “favor victimae”, por ello, se parte de la base, de que las consecuencias negativas del riesgo creado deben soportarlas quienes se benefician de la actividad que lo despliega.”

En un lenguaje descarnado y brutal la iglesia termina responsabilizando a los niños abusados a quienes señala de tener mala educación y hábitos viciosos que no fueron corregidos por sus padres, apoyándose para ello en una norma del Código Civil. Semejante argumento fue esgrimido en el pasado por el cura Protugues VICTOR BLANCO RODRIGUEZ, condenado por haber abusado de decenas de niños en Cali,  protegido  en su momento por arzobispo de Cali, JUAN FRANCISCO SARASTI.  Durante sus descargos ante la fiscalía el cura BLANCO   acusó a los niños de haberlo seducido. De nuevo la iglesia acude a la inaceptable excusa culpar a los niños del abuso y no al cura victimario.

“…la causa eficiente del daño es la conducta negligente adoptada por la misma victima indirecta  (padres, abuelos, tíos), lo cual no solo por imposición, no solo constitucional como se citó, sino moral  y de costumbre, eran los llamados a estar allí para custodiar el bien más preciado….los niños. El Código Civil determina en el artículo 2348: “RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES FRENTE A LOS DAÑOS OCASIONADOS POR SUS HIJOS MENORES: Los padres serán siempre responsables del daño causado por las culpas o los delitos cometidos por sus hijos menores, y que conocidamente provengan de mala educación o de hábitos viciosos que les han dejado adquirir”.

Mientras el Papa Francisco reconoce que los abusos cometidos por sacerdotes causan un enorme dolor  a las víctimas y sus familiares y  no cesa de pedir perdón, la iglesia de Cali  niega que este tipo de hechos genere algún daño moral, tal y como dejó consignado en el documento de marras:

“…ni en los anexos, ni en las pruebas documentales se allegan documentos que puedan llevar al convencimiento…de manera inequívoca de los daños moral (sic) causando (sic) no solo en la persona de los menores víctimas (sic), sino de sus seres queridos y familiares”.

La lectura de este vergonzoso escrito nos muestra que la iglesia católica de Cali no está en buenas manos pues su jerarca al mostrarse desinteresado con la pederastia y actuar de manera ofensiva y sinuosa con las victimas va en contravía de los mandatos del Papa Francisco quien ha calificado la pedofilia como “una lepra en nuestra casa” y ha puesto sus ojos en las victimas llamando a la compasión y la solidaridad.